Cuando encontré al cachorro amarrado de un poste creí haber encontrado a un ser indefenso que necesitaba ayuda y que si estaba en mi camino es porque yo podía dársela. Lo llevamos a casa cuando éramos 3 en la familia y curamos sus heridas con la intención de llenar su mundo de alegría. Creció la familia y creíamos que nosotros somos quienes le hacíamos un favor a el. Qué equivocados estábamos! Cuando encontramos en el, aquel amor sincero y cariño que otros seres humanos no pueden dar, aquel amigo que mis hijos no han encontrado en escuela o aquel que te espera con mucha alegría sin que te juzgue o sin importar quien seas, ahí me di cuenta que quien llenó de alegría mi mundo fue el a mí, que el fue quien me ayudó a mí. Yo no lo encontré a el, el me encontró a mi.
Enrique Santana
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